LAS VISITAS A LOS COLEGIOS DURANTE EL PROYECTO "EL CAMINO 2011" se llevaron a cabo por una voluntaria de la asociación, con el fin de llevar nuestro mensaje a los que más los van a necesitar, la nueva generación, los niños, porque en sus manos está el futuro. Aquí Cristina os cuenta su experiencia:
Cuando me uní al proyecto “El Camino 2011”, como responsable del programa educativo, no calculé el enorme esfuerzo que ello suponía. Sólo encontrar centros interesados en recibir formación acerca del respeto hacia la vida animal costó horas de trabajo y algún que otro quebradero de cabeza. Debemos tener en cuenta que, aún hoy, y por desgracia, hablar de animales es hablar de contenidos de segunda e, incluso, tercera categoría, para muchos.
El segundo paso fue encontrar y elaborar materiales de calidad sobre el tema (dado que me uní tarde al proyecto no pude diseñar un programa propio, pero sí recursos interesantes que ofrecer a los alumnos y profesores). La principal dificultad, entonces, provenía de la escasez de programas, actividades y recursos relacionados con la concienciación hacia el mundo animal, y que estén abiertos para la comunidad educativa y el público en general.
Todo ese trabajo, realizado con anterioridad al inicio del viaje, se materializó en charlas a centros educativos de todo tipo, desde el colegio más pequeño (los llamados “Colegios Rurales Agrupados”) al Instituto más numeroso de una gran ciudad. La experiencia, debo decir, ha sido maravillosa y compensa cualquier dificultad pasada, pero también, y sobre todo, ha sido reveladora.
La inmensa mayoría de los chicos respondieron de forma participativa, con interés, curiosidad y emoción, a las actividades que realicé. Se divirtieron, hicieron preguntas, contaron historias… Por norma general, son muy receptivos a estos temas. Sin embargo, limitan el respeto, que todo ser vivo merece, a los animales de compañía (especialmente, a los suyos propios).
En muy contadas ocasiones, he sido testigo también de bromas acerca del maltrato animal que algún chico ha hecho en voz alta, de historias de maltrato que han protagonizado otros alumnos del centro o sus familiares, e, incluso, de hechos contradictorios en una misma persona (como querer con locura a su perro/gato, pero sentirse orgulloso/a de matar pájaros con una escopeta de perdigones).
Lo peor de todo es percibir cierta pasividad en los chicos. Muchos, dada su proximidad y costumbre hacia estos temas, asumen el maltrato y el abandono de animales como algo normal, que no puede o va a cambiar.
Todo ello pone sobre la mesa la necesidad de trabajar en los centros educativos los conceptos de respeto, protección y responsabilidad hacia los animales. Enseñar a empatizar con el sufrimiento de todos los seres vivos es formar mejores personas. Los alumnos de hoy son los ciudadanos del mañana. Son ellos quienes deben mirar más allá de sus propios intereses y comenzar a actuar para hacer posible un desarrollo sostenible, una producción agrícola respetuosa con el animal, una industria cosmética libre de experimentación con animales, unos circos sin maltrato, un mayor control de la venta de seres vivos, un mundo sin abandono…
Estos contenidos, tan importantes de trabajar desde edades tempranas, deben ser asumidos por los centros educativos, no ya como algo complementario, sino como llave de una formación integral del alumnado en valores. Hace falta, para ello, que las administraciones (tanto a nivel central, como autonómico y local) hagan posible y promuevan programas educativos relacionados con esta temática y que el profesorado, en general, comprenda la importancia de formar a los alumnos en este sentido (ello repercutirá en, como digo, formar mejores personas en todos los ámbitos).
De cualquier modo, se necesita tiempo y esfuerzo. Si aunamos fuerzas, si, como les dije a los alumnos, cada uno de manera individual, en su ámbito de actuación, decide cambiar las cosas, dar un giro de 180º, aportar su granito de arena… podremos conseguirlo. Podremos crear un mundo más justo con los animales.
Hace falta, primero, abrir los ojos. Luego, sólo voluntad.
Gracias a todos (centros educativos, profesores y alumnos) por participar en esta preciosa y necesaria experiencia. Ahora sois vosotros quienes debéis seguir trabajando para hacer este sueño posible. ¡Suerte y ánimo!
Cristina Gómez

































